Un maravilloso TED de Elizabeth Gilbert sobre el éxito, el fracaso, el miedo y la continua lucha por no peder la creatividad. Uno de mis TED Imprescindibles

Hace unos años estaba en el aeropuerto JFK a punto de embarcarme en un vuelo, cuando se me acercaron dos mujeres que no creo que se sentirían insultadas de escuchar ser descritas como pequeñas mujeres italoamericanas de entonación áspera. 

La más alta, que llegaba como por aquí, se me acerca y dice, «Linda, tengo que preguntarte algo. ¿Tienes algo que ver con todo esa cosa de ‘Comer, Rezar, Amar’ que anda por ahí últimamente?» 

Y dije, «Sí». 

Y ella palmotea a su amiga y dice, «Ves, te dije, te dije que ella era; ella es la que escribió ese libro basado en esa película». (Risas) 

Así que esa soy yo. Y créanme, estoy muy agradecida de ser esa persona, porque toda esa cosa de «Comer, Rezar, Amar» fue un gran descanso para mí. Pero también me dejó en una posición muy difícil de avanzar como autora tratando de imaginar cómo iba a volver a escribir un libro otra vez que le fuera a gustar a alguien, porque sabía muy bien desde antes que todas esas personas que habían adorado «Comer, Rezar, Amar» estarían increíblemente decepcionadas de lo que fuese que escribiera después porque no iba a ser «Comer, Rezar, Amar»; y todas esas personas que habían odiado «Comer, Rezar, Amar» iban a estar increíblemente decepcionadas de lo que fuese que escribiera después porque les daría una evidencia de que aún vivía. Así que sabía que no tenía forma de ganar, y sabiendo que no tenía forma de ganar me hizo considerar seriamente por un momento salirme del juego e irme del país a criar corgis. Pero si hubiese hecho eso, si hubiese renunciado a escribir, hubiese perdido mi amada vocación, así que sabía que la tarea era que tenía que encontrar alguna manera de hacer aparecer la inspiración para escribir el siguiente libro independientemente de su inevitable resultado negativo. En otras palabras, tenía que encontrar la forma de asegurarme de que mi creatividad sobreviviera a su propio éxito. Y lo hice, finalmente encontré esa inspiración, pero la encontré en el lugar más improbable e inesperado. La encontré en lecciones que había aprendido tempranamente en la vida acerca de cómo la creatividad puede sobrevivir a su propio fracaso. 

Para apoyar y explicar, la única cosa que siempre quise ser para toda la vida fue ser escritora. Escribí durante la niñez, durante la adolescencia, mientras era una adolescente mandaba mis pésimas historias a The New Yorker, esperando ser descubierta. Después de la universidad, conseguí un trabajo como camarera del restaurante, seguí trabajando, seguí escribiendo, seguí intentando ser publicada, y fallando en eso. No conseguí ser publicada por casi seis años. Así que por casi seis años, cada día, no tenía nada más que cartas de rechazo esperando por mí en mi buzón. Y era devastador cada vez, y cada vez, tenía que preguntarme a mí misma si debería renunciar mientras podía, y rendirme y ahorrarme ese dolor. Pero luego encontraría mi solución, y siempre de la misma forma, diciendo: «No voy a renunciar, me voy a casa». 

Y tienen que entender que para mí, irme a casa no significaba volver a la granja de mi familia. Para mí, irme a casa significaba volver al trabajo de escribir porque escribir era mi casa. Porque amaba escribir más de lo que odiaba fracasar escribiendo, lo que es decir que amaba escribir más de lo que amaba a mi propio ego, lo que es decir a fin de cuentas que amaba escribir más de lo que me amaba a mí misma. Y así es como me volqué a eso. 

Pero lo extraño es que 20 años después, durante el alocado viaje de «Comer, Rezar, Amar» me encontré a mí misma identificando todo de nuevo con esa joven camarera no publicada que solía ser, pensando en ella constantemente, y sintiendo que era ella otra vez, lo cual no tenía ningún sentido ni nada por el estilo porque nuestras vidas no podían ser más diferentes. Ella había fracasado constantemente. Yo había triunfado más allá de mi más desenfrenada expectativa. No teníamos nada en común. ¿Por qué de repente sentí que era ella de nuevo? 

Y fue solo cuando estaba tratando de desenroscar eso que finalmente empecé a comprender la extraña y poco probable conexión psicológica en nuestras vidas entre la forma en la que experimentamos un gran fracaso y la forma es la que experimentamos un gran triunfo. Así que piensen en eso así: Durante la mayor parte de sus vida, viven fuera de su existencia aquí en el medio de la cadena de la experiencia humana donde todo es normal y tranquilizador y regular, pero el fracaso los catapulta bruscamente justamente ahí dentro de la oscuridad cegadora de la decepción. El éxito los catapulta con la misma brusquedad, pero solo que lejos de aquí al resplandor igualmente cegador de la fama, el reconocimiento y el elogio. Y uno de esos destinos es visto objetivamente por el mundo como algo malo, y el otro es visto objetivamente por el mundo como algo bueno, pero su subconsciente es completamente incapaz de discernir la diferencia entre lo malo y lo bueno. Lo único que es capaz de sentir es el valor absoluto de esta ecuación emocional, la distancia exacta de la que han sido arrojados desde sí mismos. Y hay un peligro real equivalente en ambos casos de perderse ahí afuera en los interiores de la psique. 

Pero en ambos casos, resulta que también existe el mismo remedio para la auto-restauración, y eso es lo que tienen que obtener para encontrar su camino de vuelta a casa tan rápida y suavemente como puedan, y si se están preguntando cuál es su casa, aquí hay una pista: Su casa es lo que sea que amen en este mundo más de lo que se aman a sí mismos. Entonces podría ser la creatividad, podría ser la familia, podría ser la invención, la aventura, la fe, el servicio, podría ser criar corgis. No sé, su casa es esa cosa a la cual pueden dedicar sus energías con tal singular devoción que los resultados finales se vuelven insignificantes. 

Para mí, esa casa siempre ha sido escribir. Así que después del extraño y desorientador éxito que tuve con «Comer, Rezar, Amar», me di cuenta de que todo lo que tenía que hacer era exactamente lo mismo que solía hacer siempre cuando yo era un fracaso igualmente desorientado. Tuve que volver al trabajo, y eso es lo que hice, y así es como, en el 2010, tuve la oportunidad de publicar el temido seguimiento a «Comer, Rezar, Amar». ¿Y saben lo que pasó con ese libro? Triunfó, y yo estaba bien. En realidad, me sentí como a prueba de balas, porque sabía que había roto el hechizo y había encontrado mi camino de vuelta a casa a la escritura por la sola devoción a ella. Y me quedé en mi casa de la escritura luego de eso, y escribí otro libro que acaba de salir el año pasado y ese fue de verdad hermosamente recibido que es muy bonito, pero no es mi punto. Mi punto es que estoy escribiendo otro ahora, y escribiré otro libro después de ese y otro y otro y otro, y muchos de ellos fracasarán, y algunos de ellos podrían tener éxito, pero siempre estaré a salvo de los azarosos huracanes del resultado siempre y cuando nunca olvide donde vivo exactamente. 

Miren, yo no sé dónde viven Uds. exactamente, pero sé que hay algo en este mundo que Uds. aman más que a sí mismos. Algo valioso, por cierto, por lo que la adicción y la obsesión no cuentan, porque todos sabemos que esos no son lugares seguros para vivir, ¿verdad? El único truco es que tienen que identificar lo mejor, lo más valioso que más les gusta, y luego construir su casa en la cima de eso y no moverse de ella. Y si tienen que algún día, de algún modo, que conseguir refugio fuera de su casa, ya sea por un gran fracaso o un gran éxito, entonces su trabajo es luchar por su camino de regreso a ese hogar la única forma en que siempre se ha hecho, es bajando la cabeza y realizando con diligencia y devoción y respeto y reverencia cualquiera que sea la tarea que ese amor está convocándolos a seguir. Solo háganlo y sigan haciéndolo una y otra y otra vez, y puedo prometerles absolutamente, desde una larga experiencia personal en cada dirección, les puedo asegurar que todo estará bien. Gracias. (Aplausos) 


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